Reflexiones de Fernando Díez Moreno sobre el viaje de León XIV a España
Cuando acabamos de conocer la enfermedad que padece Su Santidad, además de rezar por él, queremos traer al recuerdo unos artículos de Fernando Díez Moreno en el diario La Tribuna de Toledo sobre lo que supuso su reciente viaje a España, analizando sus mensajes.
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (1).
En la reciente visita que el Papa León XIV ha hecho a España, sus discursos han estado impregnados de ideas sobre el humanismo cristiano. Me propongo recogerlas en este y posteriores artículos. No se trata de una crónica del viaje, ni siquiera de un resumen de los discursos pronunciados, sino de extraer de ellos las ideas y referencias que ha hecho al humanismo.
Ya en su primera alocución, la pronunciada en el Palacio Real después de agradecer la bienvenida que le dio el Rey Felipe V, el 6 de junio de 2026, y dentro del “Encuentro con la autoridades, con la sociedad civil y con el Cuerpo Diplomático“, se contienen tales referencias al humanismo que intentaremos sintetizar.
– Necesidad de cultivar el diálogo y la amistad social, armonizando las demandas de autonomía y de unidad. Señaló que hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia.
– Hizo una referencia al Papa Francisco, para el que existe, en efecto, “una tensión bipolar entre idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad”.
– Aludió a la necesidad de que, en la vida pública, existan hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad que aún ciega, pero que, si confiamos, encontraremos la paz.
– Destacó que en nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor (cf. Magnifica humanitas, 186).
– Invitó a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de la realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad.
– La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo.
– Hizo una breve referencia a la inteligencia artificial: “más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz” (Magnifica humanitas, 14).
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (2).
Continuamos recogiendo las menciones a los ideales y valores del humanismo cristiano contenidas en los discursos que ha pronunciado el Papa León XIV en su visita a España. De la vigilia de oración que tuvo con los jóvenes en la Plaza de Lima de Madrid el 6 de junio de 2026, podemos extraer las siguientes ideas:
Si nos liberamos del estruendo de las mil voces que a diario nos reclaman, reconoceremos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Subraya la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!
Para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la Palabra. La Palabra de Dios está viva, porque es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia que es su Cuerpo. Él cumple todas las Escrituras, ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación. También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y “estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad.
El Papa casi gritó ¡buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia cercana de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona. También cuando nos convertimos en mano tendida a los demás, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.
Recordó que a lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, se llama la Carta a Diogneto, del siglo VI, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: «los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo». Este es nuestro modo de vivir: los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte.
Por último, pidió a los jóvenes: quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo.
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (3)
Seguimos recogiendo las menciones a los ideales y valores del humanismo cristiano contenidas en los discursos que ha pronunciado el Papa León XIV en su visita a España, en esta ocasión en la Misa, procesión y bendición eucarística en la solemnidad del Corpus Christi, celebradas en la Plaza de la Cibeles de Madrid el día 7 de junio de 2026.
Señaló que las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos.
Añadió que no se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo.
Por eso, la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro… Se trata de “recordar” precisamente para no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia.
Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.
Como toledano que soy, me impresionaron especialmente las palabras de recuerdo a los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular.
Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos.
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (4)
Uno de los actos que celebró el Papa León XIV en su visita a España, fue el organizado como Encuentro ‘Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte’, en el polideportivo “Movistar Arena” el 7 de junio de 2026. En él participaron todo tipo de personajes de esos mundos y el Papa en sus respuestas dijo los siguiente.
En este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia y da forma a su identidad. Una hermosura visible en sus ciudades, en sus calles, sus monumentos, en las plazas y jardines, en sus universidades e iglesias, en la música, la pintura, la danza, en su gastronomía. Aquí se percibe también el alma de las generaciones que transformaron el paisaje y le dieron un rostro propio, y eso nos revela en cada trazo la inteligencia y la voluntad que residen en el alma humana. Surge inevitablemente una pregunta que nos interpela a todos: ¿qué herencia estamos dejando al futuro y por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?
Después del elogio a nuestro país señaló que nuestra sociedad, en efecto, posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar, sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera. De lo contrario, corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce.
Añadió que en cuanto “experta en humanidad”, la Iglesia no se desentiende de nada verdaderamente humano (cf. Gaudium et spes, 1). Por esta razón la «actitud de diálogo es parte integrante de su vocación» (Magnifica humanitas, 2). Hoy constatamos cómo la cuestión decisiva sigue siendo la misma: ¿qué significa ser verdaderamente humano?
Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad. «Por eso, la persona humana permanece siempre como “el camino primero y fundamental de la Iglesia” y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral». Y entonces, ella no puede desentenderse de la cultura, porque a través de ella, el hombre en cuanto hombre “es” más.
Aludiendo al lema del encuentro señaló que tejer redes es un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana. Ello comporta, por ejemplo, que la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin sólo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero negocio; que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz. Es un precioso resumen del humanismo y la Doctrina Social de la Iglesia.
Además, añadió que nuestra aportación al diálogo, desde una visión cristiana de la vida, es saber que el Creador ha entramado al ser humano con hilos de amor; ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, Dios que es amor (1 Jn 4,8). Aquí reside el fundamento de la inalienable dignidad humana, cuyo absoluto respeto es la base del diálogo.
Dijo que tejer redes significa crear juntos. «La fe ―afirmó el Papa Benedicto XVI― es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza» (Catequesis, 21 mayo 2008). Todos hemos experimentado algo hermoso, tanto que nos cambió interiormente: una canción, un poema, una iglesia silenciosa, una voz, una mirada, incluso un partido de baloncesto vivido con amigos.
En efecto, Cristo le devuelve al bien común el lugar que le corresponde en cuanto árbitro sapiente que apacigua la codicia de unos y nutre la esperanza de otros, mientras anhela salvarlos a todos. Esta Iglesia, “experta en humanidad”, aunque a veces camina contracorriente, insiste en que «las estructuras económicas e institucionales son justas sólo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos» (Magnifica humanitas, 34).
Terminó invitando a todos a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza. Ideas todas ellas humanistas.
Son todas ellas ideas que defiende el humanismo cristiano.
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (5).
Continuamos indagando el contenido de humanismo que contienen los discursos del Papa León XIV en su reciente visita a España. El 8 de junio de 2026 tuvo lugar un encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados, del que cabe extraer las siguientes ideas.
La Iglesia “camina con la humanidad”, comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada época y se deja interpelar “por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy”. Por eso, cuando se dirige a la vida pública, lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar. Reconoce “la autonomía de las realidades terrenas” y “la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política”; y, precisamente desde esa conciencia, aporta una reflexión nacida del deseo de servir al bien común y de recordar aquello que hace verdaderamente humana la convivencia (cf. Magnifica humanitas, 18-19). Se trata de la idea de separación entre comunidad religiosa y comunidad política, y del reconocimiento de la autonomía de ambas.
Consideró que más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes. Señala una finalidad a la tarea legislativa.
Mencionó las páginas universales del Quijote, donde Cervantes proclamó que «la libertad […] es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», y la hondura espiritual de santa Teresa de Ávila, y desde la gran tradición jurídica española hasta la inquietud metafísica de Unamuno, que recordaba que el hombre «no se resigna a morir del todo», España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa. Siempre la libertad y la dignidad del hombre.
Recordó que, en Salamanca, hace quinientos años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder.
De manera particular fray Francisco de Vitoria y otros, contribuyeron a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. Ese anhelo sigue hablando también hoy: que la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Es el recuerdo de la Escuela de Salamanca y de las ideas de la razón, el valor de ser humano, los límites del poder, la dignidad, la justicia y el bien común.
Ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común. Siempre la dignidad de la persona, inseparable del bien común.
Sostuvo una primera afirmación: toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. De nuevo la dignidad inviolable de la persona.
Y se preguntó ¿puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Mantuvo una posición muy clara respecto al aborto.
Afirmó que el bien común es, en cierto modo, “la forma social de la dignidad humana” (cf. Magnifica humanitas, 59). No consiste en la mera suma de intereses particulares, sino en «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (Gaudium et spes, 26). Cuando el bien común deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos. Define el bien común y lo señala como el fin de la acción política.
Dio especial importancia a la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que, en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer. También las instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea. Cabe preguntarse ¿qué política de protección a la familia hay en España?
Dedicó unas palabras al tema de la emigración diciendo que la afirmación de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo para buscar paz, seguridad y futuro. También el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional. Mantiene una posición clara respecto a problema de la emigración.
Defendió la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, como derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas. Y finalizó señalando que una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse. Siempre la dignidad de la persona, ahora como fin de la actividad legislativa.
Humanismo cristiano y discursos del Papa León XIV (6).
Seguimos comentando los discursos del Papa en su viaje a España y sus referencias al humanismo cristiano. El 8 de junio de 2026 tuvo lugar un encuentro con la comunidad diocesana en el estadio «Santiago Bernabéu». De la intervención de León XIV en dicho encuentro, podemos extraer las siguientes ideas humanistas. La reciente Encíclica Magnifica humanitas es una alternativa a la homologación y confusión que vivimos en nuestro tiempo. Así, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén, es un ejemplo frente a la dispersión de los que pretendían construir la torre de Babel. Es decir, hacer de la escucha y el diálogo el terreno común de la justicia y la fraternidad para que el pluralismo no se disperse en desorden. Ideas esenciales para el humanismo cristiano.
Más adelante dijo que existía una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo: una relación que, naturalmente, se materializa entre personas de carne y hueso, en las relaciones laborales y de proximidad, pero también en las distintas comunidades, asociaciones y entidades barriales. Las relaciones entre personas, las relaciones laborales y la proximidad de entidades ha sido siempre defendida por el humanismo.
Sostuvo que cada vez se hace más patente la especificidad de la misión cristiana en el seno de las grandes realidades urbanas, donde una cultura inédita late y se elabora. No se olvide que el acto era un encuentro con la comunidad diocesana, de ahí la importancia que se otorga a la ciudad y la posibilidad de conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura.
La pregunta que se vuelve más importante es: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, o sea, a los núcleos más profundos del alma de las ciudades? Afirmó que es cierto que dar una respuesta a este interrogante puede ser difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad. La búsqueda de la verdad es también humanista.
Por eso, añadió, es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía. Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado.
Por eso, buscar y seguir al Resucitado es la condición para indicarlo: de lo contrario, no hay evangelización. En las grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que
volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza. La cordialidad es virtud humanista.
Exhortó a disponerse a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión. La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad. Señala el camino para llegar a la fraternidad y a la solidaridad.
Humanismo cristiano y León XIV (7)
Continuamos con las intervenciones del Papa León XIV en su viaje a España. El miércoles 10 de junio, León XIV hizo una visita al Centro Penitenciario “Brians I” de Barcelona y conversó con los internos.
Les dijo que todo ser humano es “digno” por el mero hecho «de haber sido querido, creado y amado por Dios» (cf. Magnifica humanitas, 52). No existe, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho. Resalta la dignidad del ser humano y el amor de Dios, ideas humanistas.
Añadió que esto es válido, de manera particular, para ellos que están privados de libertad, y que llevan el peso de estar lejos de los seres queridos y sufren, además, a causa de su actual condición. “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, “alzad vuestra mirada” hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía”. Reitera la idea de que el amor de Dios no les abandona en su situación.
Señaló que “aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”. La idea de que el pasado no condena el futuro y la referencia a San Agustín, de oscura juventud, es también humanista.
Les pidió que “hicieran un espacio al Señor en el corazón y buscasen su rostro, dejándonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad”. Que Dios nos habla en lo profundo de nuestras conciencias, es puro humanismo.
Terminó diciéndoles que “les invitaba a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar. La condición humana no puede estar mejor expresada”.
